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Hugo Osorio, el asesino de Chalchuapa, vivía en Cojutepeque

Hugo Osorio Chávez visitaba "dos o tres días" su residencia antes de "irse a trabajar". Las autoridades no han llegado a investigar si existe relación entre los desaparecidos de esta comunidad con el expolicía.

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Residencia. Fachada de la casa de Hugo Osorio Chávez.

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Hugo Osorio, el asesino de Chalchuapa, también residía en Cojutepeque

Cerca de la casa de Hugo Osorio Chávez, en la colonia San Antonio de Cojutepeque, hay tres familias que todavía buscan a sus desaparecidos. Acá, a más de 109 kilómetros del lugar en el que fue capturado el "asesino de Chalchuapa", la comunidad ahora se pregunta si Daniela, Karla y Eduardo fueron víctimas de "don Hugo, un buen vecino" que jugaba con sus hijos.

Daniela Villatoro Peña, de 14 años; Karla Cruz de 26 y Eduardo Arévalo de 28 desaparecieron en los últimos tres años, el tiempo en el que Osorio Chávez echó raíces en esta zona montañosa de la zona paracentral del país. A las familias de estos desaparecidos, hasta esta fecha, ningún policía ni fiscal ha llegado a tocarles la puerta para tratar de encontrar un nexo con Osorio Chávez, pese a que al menos una de las desaparecidas de Cojutepeque sí llegó a ser abordada, "con malicia por don Hugo" según relatan testigos.

Foto: LPG/Daniel Valencia

La colonia San Antonio está dividida por dos etapas, y en la San Antonio 2, destaca una casa color mostaza que en diciembre pasado cumplió dos años de haber sido levantada por Osorio Chávez y su pareja. Contiguo a la casa hay un predio baldío en el que sobresale un frondoso árbol de mango. Colgada de una de sus ramas, dos columpios hechos con lazos, neumáticos y el asiento de una silla desvencijada oscilan como un péndulo. "Esos columpios los puso don Hugo, para estos niños", dice una lugareña.

Más abajo, a un costado de la casa, dos niños corretean y juegan alrededor de una motocicleta que otro vecino mantiene en reparación. Al fondo, a la izquierda, se divisa el volcán de San Vicente; a la izquierda, el lago de Ilopango. "Él salía en las tardes, y ponía una silla aquí abajo (del árbol de mango). Decía que le gustaba la vista", añade otra vecina.

Hugo Osorio Chávez llegó a esta zona hace al menos tres años, según relatan sus vecinos. Primero alquiló una vivienda en la división entre la primera y la segunda etapa de la San Antonio; y luego alquiló una propiedad más amplia en la San Antonio 2. "Luego sorprendió que pagó un terreno y levantó bastante rápido la casa en la que vivía junto a su pareja", dice otro vecino que conoció al expolicía.

Primera morada. Fachada de la primera casa en la que habitó Hugo Osorio Chávez en Cojutepeque. Frente a esta casa, aseguran vecinos, abordaba a Daniela Peña.

Aquellos que llegaron a considerarse sus amigos o conocidos asegura que era un hombre educado que pasaba en su casa, con su familia, unos "dos o tres días" antes de "irse a trabajar". "Él era el vigilante del pasaje", bromea una vecina. "Le gustaba también platicar con las muchachas, como cualquier hombre, ya sabe cómo son", dice otra.

Una semana antes de su captura, Osorio Chávez invitó a pasear a una familia vecina al turicentro Apulo, en el municipio de Ilopango. "Luego quedamos que nos llevaría a pasear a un balneario a Santa Ana. Él era buena persona, solo Dios puede juzgarlo, pero da temor pensar, ahora que sabemos del caso, qué pudo haber pasado en ese viaje en el que solo Dios con nosotros", dice un miembro de la familia.

Muy cerca de la casa mostaza viven parientes de Daniela Villatoro Peña, una estudiante de 14 años que desapareció el 26 de octubre de 2018.

El expolicía también se acercaba a jóvenes para hablar de "motocicletas, le gustaba hablar de todas las que había tenido a lo largo de su vida", pero también para ofrecer sus servicios como coyote. "A una prima de 26 años le comentó que él podía llevarla hasta Estados Unidos a cambio de un pago", dice una joven.

A la fecha, la Policía solo ha llegado a confirmar que el expolicía vivía en la casacolor mostaza. Sobre si existe una vinculación entre los desaparecidos de Cojutepeque y la fosa clandestina que custodian en Chalchuapa, los parientes de las víctimas aseguran que nadie ha hecho preguntas.

Segunda morada. En esta otra casa habitó Hugo Osorio Chávez antes de adquirir un terreno en la colonia San Antonio 2.

En la etapa 1 de la San Antonio, vive la familia de Karla Cruz, una maestra desaparecida en el desfile cívico de septiembre de 2017. Su familia prefiere no hablar. Solo se limitan a confirmar que ella continúa desaparecida. La familia de Daniela sigue denunciando que las autoridades no han hecho nada para resolver su caso. El padre de Eduardo Arévalo insiste en que la Policía no "ha hecho nada de nada. No vienen ni nada".

Hugo Osorio Chávez salió de Cojutepeque, hacia Chalchuapa, entre el 5 y el domingo 9 de mayo, el día en que fue capturado según las autoridades. "No tenía mucho de que se había ido a trabajar cuando apareció la noticia", dice un vecino.

Vecinos aseguran que Osorio colocó ese columpio, a un costado de la vivienda. Foto: LPG/Daniel Valencia

Mientras en Cojutepeque se descubre que también operaba en esta zona de la paracentral, en Chalchuapa, a 109 kilómetros de distancia, la romería de las familias de los desaparecidos continúa. Hace unos días, Sonia González esperó 45 minutos bajo un toldo del Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA), frente a la casa 11 del callejón Estévez, a que un investigador de la Policía escuchara el relato que ya había contado en la delegación policial de ese otro municipio. Que busca a su hijo, Miguel Ángel Maradiaga, reportado como desaparecido desde 2014. Tenía 19 años.

En Chalchuapa, los agentes que custodian la escena del crimen remiten a la delegación de Santa Ana a todos aquellos familiares que piden más detalles o quieren ampliar la denuncia. "Que ahí le pueden dar toda la información que busca", decía, hace unos días, un vigilante.

Foto: LPG/Daniel Valencia

En la delegación de Santa Ana, los policías de la recepción se muestran incrédulos cuando escuchan que desde Chalchuapa remiten hacia esa otra sede por este caso. Cerca de la catedral de Santa Ana, en el Instituto de Medicina Legal (IML), hay un protocolo para atender dudas del caso. Si se busca reportar a un desaparecido, explican que se necesita una foto, un documento o algo para identificar a la persona. Si se busca información del caso, los guardias de la entrada se limitan a decir que no hay detalles, que no saben nada. "No podemos decir nada sin autorización de ellos", dicen. ¿Y quiénes son ellos?, se les pregunta. "Las autoridades del gobierno", responden. Ellos, el Gobierno, han intentado bajarle volumen al caso. Ellos, el Gobierno, siguen sin darle importancia a los vecinos de Osorio Chávez que han desaparecido en Cojutepeque.

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