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“A Nayib Bukele le gusta el poder": especialistas advierten sobre el rumbo de El Salvador hacia un régimen autoritario

El mandatario lidera una acelerada carrera para acaparar los poderes.

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Foto: Archivo

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Los salvadoreños tenemos que decidir liberarnos del yugo de los poderes fácticos, que con su aparato ideológico han gobernado siempre. Y siguen intentando dominar nuestro país”, vitoreaba el pasado 1.º de junio el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, al celebrarse dos años de su gobierno que, según él, le han permitido a la nación caminar “en la ruta correcta a ser un país libre e independiente”.

Sin embargo, la idea de “libertad e independencia” que profesa Bukele es diametralmente opuesta a un Estado democrático.

La semana pasada, la Sala Constitucional de la Corte Suprema, integrada por jueces designados por el partido gobernante Nuevas Ideas, ordenó al Tribunal Supremo Electoral (TSE) que permita al presidente participar en la contienda electoral por un segundo mandato, lo cual está prohibido en la Constitución del país.

“Lo único que explica esta interpretación enrevesada, ad hoc y absurda es que ya no se trata de un tribunal independiente, sino de un grupo de jueces controlados por el Ejecutivo. No debemos olvidar que el 1.º de mayo –el primer día que el partido de Bukele contó con una mayoría en la Asamblea– los legisladores removieron de forma expedita a los entonces magistrados de la Sala Constitucional y los reemplazaron por jueces cercanos al régimen”, le dice a EL TIEMPO José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch (HRW).

Vivanco advirtió que Bukele “desmantela” las instituciones democráticas como el venezolano Hugo Chávez, “pero a un ritmo más alarmante”. “Chávez logró controlar el Tribunal Supremo de Justicia en 2004 (5 años después de asumir la presidencia)” y “Bukele (...) en 2021 (2 años después)”.

Precisamente, lo que más sorprende en el caso de El Salvador es la celeridad con la que el presidente va rumbo a un régimen autoritario. “A Nayib Bukele le gusta el poder, tener el control, por lo que parece ir en una carrera contra el tiempo para dominar cualquier institución que le signifique una amenaza antes del 2024, año al que quiere llegar con la absoluta capacidad para que su reelección sea un hecho”, advierte a este diario Valeria Vásquez, analista de la consultora Control Risks para Centroamérica.

La aprobación de la reelección presidencial se sumó al aval del TSE sobre la controvertida reforma de la Ley de Carrera Judicial a través de la Asamblea Legislativa, afín a Bukele, que automáticamente elimina a los jueces mayores de 60 años y a los que tienen 30 años de carrera judicial, lo que afecta a un tercio de los 690 jueces y a una docena de fiscales.

Según Ernesto Castro, presidente de la Asamblea, esta “medida anticorrupción” tiene como objetivo depurar el cuerpo judicial de jueces corruptos y alineados con gobiernos anteriores. No obstante, varios movimientos destinados a reforzar su control sobre el poder destacan el intento de Bukele de consolidar sus redes de lealtad.

“Con esta movida, Bukele progresivamente podrá controlar un gran número de jueces de tribunales inferiores, del mismo modo que ya controla a la Corte Suprema y a la Fiscalía General. Estas son las movida típicas de gobiernos autoritarios”, afirma Vivanco.

Lo preocupante es que esas decisiones son solo la punta del iceberg. Este miércoles, El Salvador festeja su Día de la Independencia, momento que Bukele aprovechará para que su vicepresidente, Félix Ulloa, exponga los 215 cambios que le quieren hacer a la Constitución, entre estos la extensión del periodo presidencial de cinco a seis años.

“Algunas reformas debilitarán aún más la democracia. Por ejemplo, el artículo 85 que establece que el sistema político del país es pluralista y que se expresa por medio de varios partidos políticos, será modificado para hacer legal que solo exista un partido único oficial”, afirma Vásquez.

A eso se le suma el interés de Bukele de eliminar la Corte de Cuentas, que vela por la trasparencia de las instituciones del Estado, y todas aquellas que controlan los procesos electorales.

Dichas reformas parecen depender solo del tiempo para ser una realidad, ya que una vez presentadas, Bukele tendrá la potestad de aceptarlas o modificarlas “según le parezca”. “Posteriormente, el Legislativo le dará el aval y, a pesar de que legalmente la Asamblea que se instaure en el 2024 debe ratificarla, para acelerar el proceso el presidente quiere llamar a un referéndum que habrá que ver cómo le sale con su popularidad en picada, en especial luego de que anunciara la implementación del bitcóin como la moneda oficial”, explica la analista salvadoreña.

Esta semana, El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en establecer la criptomoneda como su divisa oficial. Una polémica decisión que sirvió como cortina de humo para lo que se estaba cocinando detrás.

“Luego del anuncio de la posibilidad de reelegirse, Bukele (un fanático de publicar en su cuenta de Twitter) no mencionó absolutamente nada. Se estima que pasó sin tuitear por lo menos 26 horas, algo que jamás había pasado. El presidente aprovechó para meter el anuncio cuando el país estaba muy distraído: justo el domingo jugaba la selección de fútbol salvadoreña”, explica Vásquez.

El domingo, el presidente volvió a incendiar las redes apoyando a su selección y de ahí saltó a defender a capa y espada el bitcóin.

“Bukele ha intentado crear la idea de ser un líder moderno, eficiente y con ideas creativas. Creo que ese es uno de sus principales objetivos al establecer el bitcóin como una moneda oficial. Pero se trata de una decisión con enormes riesgos para los salvadoreños, como lo han alertado muchos economistas, incluyendo del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En un país con pobres instituciones en materia de transparencia, los expertos dicen que el bitcóin puede permitir mayor lavado de dinero”, afirma Vivanco.

“Bukele no hizo ninguna consulta o estudio técnico para ver los impactos que esto puede tener en el país, que enfrenta una dura crisis económica, está endeudado a niveles que superan el PIB, y tan solo para implementarlo se estima que ha gastado 300 millones de dólares”, agrega Vásquez.

Sin embargo, esta jugada, por lo menos popularmente, le ha salido muy mal.
Cientos de salvadoreños salieron el martes a las principales calles de San Salvador para manifestarse en contra del uso del bitcóin como forma de pago.

"Es la primera vez que Bukele enfrenta manifestaciones de estas proporciones, lo que afecta no solo su ego, sino sus planes. Y para este 15 de septiembre se esperan protestas más masivas”, advierte Vásquez, que considera ese día como una prueba de fuego para las intenciones del presidente. “Para que una dictadura exista no puede haber separación de poderes, cosa que Bukele ya tiene bastante ajustada. Lo único que falta es represión. Eso, por ahora, lo ha hecho de manera muy tímida poniendo a los militares a tomarles fotos a quienes salen a marchar”, agrega.

Vivanco, que desde hace más de un año ha advertido de esta amenaza, es enfático: “Bukele está siguiendo exactamente el mismo libreto de Hugo Chávez a principios del 2000 para desmantelar las instituciones democráticas. Y ya sabemos qué vino después: censura a la prensa, restricciones a la sociedad civil, impunidad total por violaciones de derechos humanos y luego, una vez que el líder empieza a perder popularidad, detención de opositores y fraude electoral. Esta historia ya la conocemos”.

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