A María le destruyeron el 10 de mayo su casita hecha de botellas en El Borbollón ¿Se acabó el encanto?

Con sus propias manos, María Bersabé Ponce fabricó cada centímetro de su casa, conocida como "La Casa Encantada de El Salvador", fabricada con botellas de plástico.

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"Yo he llorado por mi casita", dijo María Bersabé Ponce, de 88 años, quien la madrugada del pasado lunes 10 de mayo, el Día de la Madre, fue sorprendida por un automovilista que perdió el control y destruyó su casa fabricada con botellas de plástico, y que luego huyó del lugar. 

La señora recién había dejado de orar, como es su costumbre cada madrugada, cuando un automovilista se salió de la carretera y se estrelló contra su humilde casa, ubicada a la orilla de la carretera del Litoral salvadoreño, a la altura del cantón El Borbollón, en El Tránsito, San Miguel.  

La octogenaria estaba adentro en su hamaca, en la que duerme, cuando oyó lo que creyó que era un fuerte viento o de lluvia al momento que el automotor ingresó en la parte frontal de la vivienda; afortunadamente, está construida en un nivel más alto que la calzada de la carretera, por ello no hubo lesionados o una tragedia mayor. 

Conocida como "La Casa Encantada de El Salvador", esta madre salvadoreña ideó construirla en 2005 con puras botellas de refresco o de gaseosas vacías, luego que perdió la casa anterior por los terremotos de 2001. 

"Un sábado me la reveló el Señor y vi esta casa arriba de una montaña. En la mañana le dije a mi hija: 'dame café, que voy a salir'", comentó. 

Con paciencia, durante tres meses fue reuniendo botellas, pintura de color verde, cemento y otros materiales para poder hacer su sueño realidad. Fotos: Jorge Carbajal

La casa que vio era de botellas de plástico, por lo que se movilizó a los lugares aledaños como el cantón El Brazo y por el desvío a la ciudad de Santa Elena, Usulután, y cada día iba a buscar botellas para llevarlas a su casa, para que luego le sirvieran como materia prima para fabricar su nuevo hogar. 

"Mi hija me decía que estaba loca. La gente me preguntaba qué para qué quería las botellas, y yo les decía que para hacer una casa; entonces me decían que de botellas no se hacen las casas", agregó. 

Con paciencia, durante tres meses fue reuniendo botellas, pintura de color verde, cemento y otros materiales para poder hacer su sueño realidad. Poco a poco "la Casa Encantada de El Salvador" fue tomando forma para asombro de los vecinos y de los conocidos de doña María, así como para los automovilistas que pasaban por el lugar y que veían la novedosa creación. 

Con sus manos hizo el piso de cemento, pintó las botellas y decoró las paredes con un poco de pintura. "Hoy está fea, pero la pinté con las manos, con unos vasos de pintura que me regaló una señora, y con otra pintura que compré", recordó.   

Unas imágenes religiosas y unas muñecas de madera fabricadas por ella misma son las que adornaban su casa de botellas. En el piso se pueden ver cientos de tapas de plástico de botellas, dentro de la casa y en los alrededores. Esas tapas son como adornos, y formaron parte del hogar de doña María, tal como la soñó arriba de una montaña. 

La casita se lograba ver desde la carretera, pero ahora está destruida y solo hay escombros. La señora, quien ha vivido de fabricar y de vender pan dulce, quesadillas, salpores de maicillo y pan de torta tiene un horno en la casa que es donde prepara el pan que vende, aunque en los últimos meses con menor frecuencia, ya que se enferma. 

Con 88 años de edad, María Bersabé Ponce ya no sale como antes a vender el pan que hornea; su hija lo hace por ella. Fotos: Jorge Carbajal

"Yo hago el pan y mi hija lo va a vender. Ahora no puedo salir", agregó. Si bien dice que por el paso de los años ahora "no ve bien", la octogenaria y madre de una sola hija confía en que saldrá bien de esta nueva prueba. 

En su casa de botellas tampoco hay electricidad, por lo que se alumbra con una lámpara. El día del incidente estaba oscuro, por lo que dice que vio el carro de color negro. 

Su hija Rosa Amaya Ponce, quien vive en una casa aledaña, es quien salió a socorrerla cuando escuchó el choque del automotor a un costado de la casa. "Mi hija venía llorando, creyó que me habían matado (el vehículo), pero yo le dije: "aquí estoy en la hamaca", narró la señora sobre esa mañana que pudo ser trágica.

Su esposo, Prudencio Amaya, murió hace 3 años, por lo que en estos momentos la octogenaria vive con su hijas y sus nietos. Vanessa, de 3 años, es la más cercana y cariñosa con ella. Cuando la ve en la hamaca en la que descansa, ella se le acerca, la besa y acaricia, y platica con ella. 

El terreno en el que está  "la Casa Encantada de El Salvador" no es de doña María, sino que es del Estado. Ella y su familia no tuvieron otra opción más que construir en ese lugar, para tener un espacio al que pudieran llamar hogar. 

En ese pequeño terreno ha vivido los últimos 36 años, hasta que le ocurrió el percance del pasado lunes 10 de mayo. Ella espera que alguien le tienda una mano para reconstruir o construir en otro lugar, ya que no tiene recursos económicos. 

Este martes, algunos trabajadores de la alcaldía de San Miguel llegaron al lugar para colocarle algunas láminas como pared; también habían llevado madera y cemento. 

Tras el incidente del pasado 10 de mayo, una parte de la casa original se va a preservar, pero la parte dañada, que es el frente de la misma será reforzada con madera y con lámina.  Jorge Carbajal

Durante los 36 años que ha vivido en el lugar nunca había pasado nada igual. Hoy, tras el incidente, una parte de la casa original se va a preservar, pero la parte dañada, que es el frente de la misma será reforzada con madera y con lámina. 

"La Casa Encantada de El Salvador" seguirá en ese lugar, quien sabe por cuánto tiempo, y es el reflejo de una madre de familia que un día tuvo un sueño o como ella dice, una revelación, y la hizo realidad a las orillas de una carretera de El Salvador, que ha sido su hogar. 

La pequeña Vanessa habla poco, pero en sus ojos refleja el amor que siente por su abuela, mientras juega con un teléfono que le han dado para que se entretenga y pase los días junto a su familia. 

Por el momento doña María está durmiendo en otra pequeña habitación que es donde vive su hija y dos nietos. La parte de un espejo retrovisor y parte de la defensa del automóvil que se llegó a estrellar contra la casa aún están en el lugar como recuerdo del peligro al que estuvo expuesta esa mañana. 

La escritura en la que se puede leer "María Ponce. La Casa Encantada de El Salvador", está hecha a mano, en la entrada del humilde recinto, en el cemento fresco que se colocó en ese lugar el día en que ella decidió crear esa obra.          

"Un sábado me la reveló el Señor y vi esta casa arriba de una montaña. En la mañana le dije a mi hija: 'dame café, que voy a salir'", narró María Ponce sobre el origen de su casita de botellas.

  

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