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El último "escobero" de Santiago de la Frontera

La elaboración y comercialización de escobas artesanales es la fuente de ingresos de don Federico.

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Esfuerzo. Don Federico dice que le gustaría enseñar este oficio a los jóvenes del municipio para que la tradición se mantenga por más años.

Esfuerzo. Don Federico dice que le gustaría enseñar este oficio a los jóvenes del municipio para que la tradición se mantenga por más años.

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En su taller ubicado en el barrio El Castillo, de Santiago de La Frontera, en Santa Ana, don Federico Linares, de 78 años, se dispone a fabricar una nueva escoba. Con mango de madera, que ha recolectado en uno de los cerros que rodean su casa, y sorgo de maíz que ha comprado hace un par de días, esta herramienta que es utilizada para la limpieza será una más de los cientos que ha elaborado por más de 70 años.

Don Felipe cuenta que este oficio lo aprendió de su padre cuando aún era muy pequeño. "Quizá tenía como seis años cuando le comencé a ayudar a mi papá que también era escobero. Al principio le ayudaba con cosas pequeñas pero poco a poco me fue enseñando a cómo hacerlas y hasta que un día hice mi primer escoba", cuenta don Federico tratando de recordar cuanto tiempo después de iniciado este oficio hizo su primera escoba.

“Temo que al morir desaparezcan los escoberos en este pueblo; a los jóvenes de ahora no les interesa aprender este oficio”.

Federico Linares, escobero.

Dice que en años anteriores en el municipio habían otros dos adultos mayores que se dedicaban a fabricar este tipo de escobas, pero que desde hace un tiempo solamente él se dedica a este oficio. "Un amigo se fue para los Estados Unidos y el otro dijo que ya no iba a hacer más escobas, entonces solamente me quedé yo elaborando escobas", detalló.

Don Felipe asegura que en su taller ha fabricado escobas de diferentes tamaños, dependiendo de la necesidad de cada cliente. "Aquí vienen gente que compra la escoba de tamaño normal, la tradicional. Pero si me dicen que necesitan alguna escoba de un tamaño yo se las hago con mucho gusto", dice mostrando uno de estos artículos que alcanza una altura de tres metros y que fue solicitada por una comerciante de Santa Ana para la limpieza de cielos falsos ,añadiendo que el proceso de elaboración de una escoba de tamaño normal puede tardar hasta una hora.

Explica que este oficio le sirvió para sacar adelante a sus cuatro hijos que ya son adultos. "Antes el dinero que ganaba de las ventas lo ocupaba para andar tomando alcohol, pero desde hace más de 35 años que dejé la bebida entonces toda la ventecita que hacía en el día servía para darle lo básico a los muchachos (los hijos) fue así como con mucho sacrificio y dedicación los saqué adelante", recuerda el anciano.

Asegura que sus productos son de tan buena calidad que se los han pedido de otros municipios del occidente del país. "Yo tengo clientes que vienen de Candelaria de La Frontera, otros de Chalchuapa, Santa Ana y hasta Metapán" comenta.

Agrega que debido la pandemia ha dejado de visitar mercados municipales por el temor del contagio. "Desde el año pasado tuve que dejar de salir a vender a los mercados por todo esto de la enfermedad, personas como yo ya no aguantamos enfermarnos", concluyó el anciano.

Calidad. Cada escoba es elaborada con mucha dedicación y por eso don Federico Linares tiene clientela de Santa Ana y otros municipios del país.

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