CUANDO EL AIRE TRANSPIRA POR OBRA DE LA LUZ

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Historias sin Cuento

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LO MEJOR QUE TENEMOS ES LO DESCONOCIDO

Lo que nos pasa a todos los humanos: en el curso del tiempo vamos perdiendo y ganando presencias a nuestro alrededor. Y él tenía esa especie de obsesión, porque era minucioso y coleccionista por naturaleza, y así llegó al punto de ir apuntando en un cuaderno estrictamente privado las fluctuaciones de su vida personal, de manera específica en lo tocante a esas presencias que iban y venían en todos sus entornos, desde el más íntimo hasta el más social, y que nadie más parecía notar.

Pero aquella tarde, ya cuando el sol se iba escapando sin decir más, le ocurrió algo inusitado: su cuaderno no estaba en ninguno de los lugares identificables, y él se sintió de pronto desprotegido hasta la médula, como si hubiera perdido el asidero mayor de su existencia:

--¡Dios mío, sólo te pido una cosa con toda el alma: que no me dejes huérfano de lo que es para mí el hilo ordenador de la existencia; es decir el recuento de lo que se me ha escapado y de lo que ha venido a sustituirlo para que yo pueda seguir en acción!

Y en ese justo instante el cuaderno se le hizo visible: estaba ahí, al alcance de su mano. Lo tomó de inmediato, y lo abrió con anhelo. ¡Y su sorpresa fue mayúscula: todas las páginas estaban en blanco! ¿Qué significaba aquello? ¿Una señal de destino? ¿Un llamado de la conciencia? No tuvo tiempo de descubrirlo porque en ese junto segundo todo se desvaneció…

QUE EL HORIZONTE NO SE ACERQUE

Cuando estaba ya a punto de llegar a esa edad en que resulta inevitable buscar una ruta propia para alcanzar destino, me quedé un día observándome a mí mismo mientras las distintas imágenes de la luz matutina se ubicaban en torno a mí, sin el mínimo respeto a lo que mis ansias esperaran. En ésas estaba cuando se fue acercando por detrás una persona completamente desconocida, al menos como imagen:

--¿Ya descubriste tu verdadera identidad sublimada?

Hice de inmediato el gesto de no entender lo que se me preguntaba, y en seguida puse cara de ausente irreconocible. Yo desde luego no podía verme a mí mismo, pero las potencias visuales intuitivas se me habían activado de pronto, para que no pudiera escapar de lo que en aquel instante me estaba sucediendo.

--Y si no lo has hecho, ¿te animas a hacerlo?

Tuve el impulso de escapar de ahí lo más pronto posible, y así lo hice. No sé por cuánto tiempo anduve vagando por ahí, como un fugitivo sin verdaderas intenciones, hasta que me encontré en este sitio en el que estoy ahora: un suburbio casi deshabitado de mi propia conciencia. Y la voz se hizo de nuevo presente:

--Ahora sí: enciende todas las velas que halles a tu paso. Quédate quieto y sonríe.

DON SAÚL ME LO DIJO

Don Saúl vivía en una casa de la 15ª Calle Oriente, ahí en la Colonia Santa Eugenia del San Salvador que apuntaba hacia el Norte, con su esposa, doña Lavinia. Muchas veces estuve en ese lugar, que quedaba sólo a unas cuantas cuadras arriba de mi casa, y siempre encontré a Don Saúl sentado en su mismo sillón, leyendo algún libro de la estantería que estaba a un lado. Pero aquella tarde alguien lo acompañaba. Era un señor de mucha edad, con planta de viajero.

--Muchacho, te presento a mi mejor amigo. Él es mucho mayor de lo que puedas imaginarte, pero anímicamente tiene tu edad. Conversen un momento mientras reviso lo apuntes que he recogido esta tarde para mis clases de la próxima semana…

Me acomodé en mi silla de siempre, don Saúl se fue a sus asuntos, y el señor mayor se ubicó muy cerca de mí.

--¿Cómo te llamas? –me preguntó, y cuando le di mi nombre tuvo un respingo animado: --Entonces somos parientes, porque yo también escribo versos rimados, y no los he dado a conocer porque necesito que alguien me dé el visto bueno. ¿Te animas?

Me quedé en silencio, sin saber qué responder. El señor sonreía, como si hubiera cumplido ya la misión de aquel día. Yo me levanté y salí sin decir palabra. En un cruce de puertas me hallé a don Saúl:

--¿Qué te pareció el encuentro con el Destino?

LA FRONTERA ES UN ÁRBOL

Como todos los seres íntimamente vinculados a la función vegetal desde el comienzo de la vida, él se fijaba antes que nada en las plantas del respectivo espacio, independientemente de la naturaleza de éste. Era un joven de estricta vida urbana, y por eso su máxima ilusión consistía en pasear por los entornos rurales, lo cual hacía cada vez que le quedaba un espacio libre, fuera de día o de noche. Trabajador por excelencia, apenas tenía tiempo para cualquier otra cosa que no fuera el trabajo.

Alguien, hacía muchos años, había sembrado al paso, en un pequeño espacio de los entornos, una semilla que hoy estaba convertida en un monumento cubierto de hojas. Él iba con gran frecuencia a dicho lugar, y ahí se quedaba todo el tiempo que tuviera disponible, sin otro objeto que la contemplación de lo que para él se había convertido en una especie de milagro natural personalizado.

Dadas tales condiciones, lo que ocurrió aquella noche de verano ardiente fue un shock inimaginable: unas malezas cogieron fuego y fueron devorando todo lo que había a su alrededor. A la mañana siguiente, con la humareda aún colándose por todas partes, él fue a revisar el entorno, con el alma en un hilo. Y lo que encontró fue que el fuego invasor había dejado insospechadamente intacto al árbol envuelto en aquella multitud de hojas nuevas.

Se arrodilló entonces y exclamó en silencio:

--¡Gracias, amigo!

EL VECINO INVISIBLE

Tenía larguísimo tiempo de vivir en el vecindario, pero sólo unos pocos vecinos inmediatos lo habían visto fugazmente muy de vez de cuando, y no porque él se escondiera, sino porque las condiciones del tiempo estimulaban el ánimo evasivo y las prácticas escurridizas. Quizás muchos pensaban que él andaba en malos pasos, pero la verdad, desconocida por todos, era que su condición de solitario se le había venido volviendo más y más entrañable por impulso espontáneo que lo embargaba desde siempre, impregnándole más y más todo el ámbito consciente.

Ahora había llegado a vivir a la zona inmediata una familia de inmigrantes de origen desconocido, que se instalaron en un predio donde todas las construcciones estaban abandonadas. Eso generó muchas suspicacias en el ambiente, porque todos sabían que los pandilleros circulaban por los alrededores, haciendo de las suyas en el momento menos pensado. Y así creció la sospecha de que el vecino evasivo era uno de ellos.

Un día de tantos, se empezó a correr entre los vecinos la bola de aquella extraña persona con la que compartían vecindad estaba queriendo formar un grupo comunitario, y eso bastó para que crecieran exponencialmente los rechazos.

Él, entonces, salió por primera vez a la luz:

--Amigos, por fin los tengo a la vista.

Y en ese instante los presentes cerraron los ojos para verlo mejor.

EL ALMA SE DESVIVE POR NOSOTROS

El pájaro que todos los amaneceres llegaba a un rincón del alero más alto de aquella antigua casa donde ellos habían decidido vivir después de hacerlo en un condominio de última moda, no había aparecido aquella mañana como lo hacia a diario y sin falta, y eso los fue colmando de inquietud que no tardó en volverse ansiedad.

--¿Será alguna señal que nos está enviando el aire? –dijo él, parpadeante.

--O reiteración de la advertencia de que todo en esta vida concluye –respondió ella, como si nada.

--Pues esperemos a ver que pasa en las próximas horas…

--O en los próximos días, años o siglos –dijo ella, en tono de broma.

Sin motivo aparente, ambos se acercaron a una banca próxima y se quitaron los zapatos. Ya descalzos comenzaron a caminar sobre la senda polvorienta:

--¿A dónde vamos? –preguntó él como si de aquella pregunta dependiera el futuro.

--Hacia donde no sabemos, para estar en armonía con esta sensación que es tan congruente con lo que debe ser un distendido paseo en un día de descanso como este…

--Pues entonces respiremos hasta el fondo del alma para que el alma nos acompañe. Mira ahí, nuestras dos almas acomodadas una junto a la otra, recordándonos que estaremos así para siempre.

--¡Te estás volviendo un pensador anónimo, como debe ser!

--Pensador no, sentidor. Y eso hay que sellarlo con un beso.

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